Veo este pueblo callado,
Que se me mete en el alma.

Matilde G. Serna

Desconocemos el origen fundacional de Villapresente. La única referencia que tenemos nos sitúa en el año 1097 cuando unos vecinos firman una transacción en la que ceden la propiedad de unos bienes comunales a la todopoderosa abadía de Santa Juliana. Para llegar a este punto se requiere una cierta estabilidad en la vida de los habitantes de la comunidad y un periodo de tiempo suficiente para la consolidación de los bienes que se ceden; periodo que presupone una existencia anterior de, seguramente, algunos cientos de años, pues ese proceso natural de consolidación no era fácil durante la etapa histórica conocida como alta edad media; lo que nos lleva a pensar que el origen de aquel asentamiento bien pudiera situarse en la época de la explotación romana de las minas de Reocín.

Nada hay, sin embargo, que avale esta hipótesis, salvo, quizás, el nombre del lugar. Los datos de la referencia mencionada se encuentran en el Libro de Regla de la abadía de Santa Juliana y más allá del acta de la transacción hemos de fijarnos en el nombre con que se menciona al lugar: Villapresente; y es que los romanos acostumbraban a llamar ‘villa’ a sus casas y es muy probable que la primera que se construyó en la zona fuese una villa romana —que no era una casa en sí sino un grupo de edificaciones— y que esa “villa algo” con el rodar del tiempo se convirtiera en Villapresente.

De los elementos transferidos a la abadía de Santa Juliana nos queda únicamente el cementerio, pues si bien el templo actual está levantado sobre los cimientos del cedido a la abadía, lo cierto es que con el paso del tiempo se le suponen numerosas reedificaciones, siendo la última en 1922. Por el contrario, al camposanto solo se le han hecho las modificaciones previstas en las sucesivas ordenanzas sobre higiene en los cementerios, lo que nos permite pensar que la necrópolis religiosa de Villapresente es, posiblemente, el único cementerio medieval activo en la España del siglo XXI.

El camposanto de la iglesia de San Juan es nuestro primer activo patrimonial, enriquecido ahora con el descubrimiento de las estelas funerarias incrustadas en su pared perimetral. Memoria viviente del pasado milenario de nuestro pueblo, si hurgáramos en sus entrañas a buen seguro que encontraríamos las tumbas de los antepasados de Guntsalvo Petriz y Guntsalvo Citiz, los vecinos que firmaron la cesión de iglesia y cementerio a la abadía de Santa Juliana.

Desde entonces, las circunstancias, sucesos y personajes de cada época histórica han adquirido personalidad propia y han ido conformando la identidad y el patrimonio cultural de los habitantes del pueblo, pero sus vivencias se han ido difuminando hasta casi desaparecer; y es que lo sucedido urbanísticamente en las últimas décadas y los cambios sociales devenidos en el país han convertido Villapresente en un lugar de residencia, tanto para vecinos venidos de otros lugares como para los nacidos en él.

Por otro lado, nuestros mayores, conocedores y en algunos casos participes de historias y leyendas del lugar, han ido desapareciendo de manera natural, sin que nadie haya tomado el relevo como transmisor de esa herencia cultural identitaria que conformaba el hecho diferencial.

Hemos de lamentar, también, la desaparición de algunos elementos que eran seña de identidad y distinción en el pueblo. Tal es el caso del torreón y, si nadie lo remedia, más pronto que tarde lamentaremos la desaparición de los restos de la Central Eléctrica El Pavón y su chimenea, auténtico yacimiento arqueológico industrial y cultural, buque insignia de la Segunda Revolución Industrial en Villapresente, en Reocín y en la pretérita provincia de Santander, hoy Cantabria. Es el correr de los tiempos. Es la indiferencia. Es, también, la negligencia y ese mirar hacia otro lado de quienes deberían velar por la conservación del patrimonio cultural, obviando que ese desdén traerá consecuencias irremediables con la pérdida del hecho diferencial. Y es que el futuro no se improvisa, se va haciendo día a día, de tal forma que si suprimimos los días que anteceden al último todo se desmorona y seremos el centro de la nada.

Conscientes de todo esto, desde ‘Villapresente en la Memoria’ tratamos de recuperar la ancestral reminiscencia del pueblo para que las nuevas generaciones sean conocedoras de la cultura histórica del lugar en el que han nacido, o donde residen. Fruto de esta permanente investigación es la identificación de algunos nombres que ostentaron el título de ‘Señor de Villapresente’ o de los cuatro oriundos que fueron gobernadores en las Indias en el siglo XVIII; lo que convierte a Villapresente en, probablemente, el único pueblo pequeño del mundo que ha dado, en tan corto espacio de tiempo, cuatro dirigentes de tan alto rango. Fueron militares, políticos y comerciantes; se hicieron inmensamente ricos y de todos ellos podemos decir que nunca se olvidaron del pueblo que los vio nacer y de su Virgen de la Guarda.

Igualmente, hemos conocido el origen del edificio que albergó las escuelas y hoy es Centro de Arte Contemporáneo de Reocín, de las fundaciones pías, de las centrales eléctricas La Flor y El Pavón, así como del Vivero Forestal. Sin olvidar a aquellos vecinos portadores de conductas ejemplares en lo profesional y en lo humano.

Nuestras investigaciones nos han dado a conocer, también, la importantísima labor desarrollada por los sucesivos concejos vecinales. La ermita de la Guarda, las escuelas pías, el corro, las fuentes…, con mayor o menor fortuna, deben su supervivencia al esfuerzo concejil.

Hay mucha historia acumulada en este pueblo. Darla a conocer y promover la conservación del patrimonio en todas sus formas, son objetivos primordiales en nuestra praxis.

Central Eléctrica "El Pavón"

Los procesos desamortizadores de 1856 y 1871 en Villapresente

El Pastor de cabaña

De algunos hechos y de algunos personajes en la historia de Villapresente (2)

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar